17 y 18 DE ABRIL 2010

 

            Un día largo, un día duro. Tras despertar después de una noche mágica, amenizada con tambores venidos directamente de Lompoul, y tras haber compartido la noche con nuestra amiga Gazella, el día nos despertó con una bofetada en la cara. Los párpados se negaban a abrirse, así que con aquella cara, nos presentamos a trabajar. Mal estado general, pero cómo cambia todo cuando una señora te trae un presente tan sencillo que te encanta; una concha de mar. El agradecimiento de estas personas se hace notar día a día en sus sonrisas plenas, en su sensación de ser dichosos por un día, tras recibir un tratamiento o tras haber podido sonreír con cada pieza en su boca.
Nuestros cuerpos cansados, tenían ya por una parte, ganas de volver a casa, y por otra, quedarse aquí para siempre.
Nuestro equipo de protésicos batieron records. Tuvieron la jornada más dura de todas, y sin apenas llevarse nada a la boca, y tras estar nueve horas contínuas de trabajo, consiguieron su objetivo y cumplieron sus promesas: todas las prótesis se hicieron con éxito.


Dentistas Sobre Ruedas

 

            El resto del equipo, desde el comienzo del día, fue recogiendo aquellas Jaimas que habían sido nuestros hogares cada día, nuestras camas, nuestra sala de estar. Metíamos en cada caja los medicamentos que tan feliz hacían a la gente, que eran como traídas del cielo, pues anulaban el dolor.

 

Dentistas Sobre Ruedas

 

            Lo que había sido un precioso hogar, a las siete de la tarde se convertía en el mismo pueblo que hubo en un principio, y nosotros, en los blancos que nos íbamos Pero no unos blancos cualquiera, y eso la gente nos lo dejó muy claro, cuando, mientras hacíamos una foto de despedida, los niños agolpados pidiendo kadós, aunque espero que por lo menos, tengan el sentimiento de que nuestro kadó ha sido el trabajo diario, y las ganas, y el esfuerzo reflejado en nuestros trabajos.
El sol se ponía sobre el mar de lompoul, y esos tambores que la noche anterior retumbaban en el infinito de Senegal, poco a poco, iban perdiendo fuerza, y a medida que nos alejábamos del pueblo que durante 20 días había sido nuestro hogar, sólo retumbaban el sonido en nuestras mentes, en nuestros corazones…
Salíamos del pueblo, veíamos por última vez la cara  a aquellas gentes, satisfechos con el buen trabajo realizado, tristes porque a lo mejor no volvemos a verlos… menos mal que en la guagua nos acompañaban nuestras familias de lompoul: ízamela, mor, nuestros traductores…podremos disfrutar de ellos un poco más, al menos 24 horas, las últimas 24 horas en este país al que hemos dedicado  mucho tiempo, pero que a la vez nos ha dado mucha vida. Mi maleta va llena: me los llevo a todos conmigo…


Dentistas Sobre Ruedas

 

            Paramos a comprar cestas y demás enseres de mimbre en Thies, nos pusimos las botas. La noche nos había cogido por el camino, y nos tuvimos que conformar con dar cabezadas en aquella guagua, que de repente, se había quedado sin una ventana… (qué cabezón tengo, por dios!) pero valió la pena el duro viajen, porque cuando llegamos el gran marcelo nos tenía preparado un manjar llamado cus cus, y una carne deliciosa. Qué pena que nuestros cuerpos y nuestras mentes estaban tan cansados: la cama lo notó. Porque caímos rendidos sobre ellas, intentando no pensar en lo que pasaría al día siguiente: la despedida.